martes, 4 de febrero de 2025

A122 TRANSFORMARSE O MORIR

 

 

La Correspondencia de España, 22 de noviembre de 1920

ANTE UN CONFLICTO

EL PROBLEMA DE LA PRENSA

No hay ninguna industria que proporcionalmente a su capital dé medios de vida a tantas familias como la de editar periódicos, ni ninguna que dé al vendedor de sus productos tan grande comisión. Un periódico que tire solamente 50.000 números reparte cada día 1.500 pesetas a los vendedores y sostiene entre redactores, empleados de administración, tipógrafos, estereotipadores, maquinistas, operarios de cierre, ordenanzas y repartidores a más de doscientas personas. ¿Qué industria hay que pueda decir otro tanto?.

A partir de enero próximo se presenta un problema pavoroso, y quienes dirigimos periódicos tenemos el deber moral de defender su vida, no por móviles egoístas, sino para impedir que cuantos viven de la industria periodística se encuentren sin trabajo. He dicho que no nos mueve ningún móvil egoísta, pues los menos perjudicados por la desaparición de los periódicos serán sus directores, ya que no les será difícil encontrar otras colocaciones que acaso les abran horizontes más amplios que los ofrecidos por una profesión para la cual no hay hora de descanso ni día de libertad. De mí sé decir que si dedicase mi actividad a cualquier otra profesión liberal y en ella trabajase las catorce o diez seis horas que dedico a la labor periodística, seguramente obtendría ingresos mucho mayores sin tantos sinsabores ni quebraderos de cabeza.

No se trata de defender un negocio. Se trata de impedir que los diarios no puedan vivir y queden en la calle centenares de familias. Nosotros, los directores, podremos dedicarnos fácilmente a otros trabajos; pero el resto del personal tropezará con grandes dificultades para encontrar colocación.


Mírese por donde se mire, no hay más que un camino: la reducción del tamaño de los periódicos, la disminución de sus gastos y el aumento de sus ingresos, suprimiendo además una parte del personal para que pueda vivir la mayoría. El sacrificio será doloroso; pero como es inevitable, no habrá más remedio que realizarlo a título de mal menor, por ser preferible que queden sin trabajo diez que ciento.

Ningún diario podrá soportar un gasto de papel efectivo superior a cuatro céntimos en número, y aun así será su vida muy difícil. Los ejemplares son vendidos a siete céntimos; pero con la vuelta, las roturas de papel y el papel que se inutiliza al cargar y descargar las bobinas, son vendidos en realidad a seis céntimos. Los dos céntimos de beneficio en la venta son 1.000 pesetas para cada 50.000 números, y calculando un ingreso neto de 1.000 pesetas por publicidad, se llega a 2.000 pesetas diarias. Por escaso que sea el presupuesto de un diario que tire 50.000 ejemplares, asciende, aparte el papel, a más de 2.000 pesetas diarias. Claro es que hablo de los diarios que pagan a sus redactores.

En estos términos planteado el problema, claro es que no podrá vivir, a menos de estar subvencionado por poderosas empresas, o de dedicarse al merodeo, ningún periódico que tenga más de cuatro céntimos de papel y tire 50.000 ejemplares, que es el tipo corriente en España.

Francia nos da el ejemplo. Allí se han dividido los periódicos en tres grandes grupos. Los políticos, se publican con una sola hoja y se venden a 15 céntimos. Los ilustrados, como “Excelsior”, publican, alternativamente 4 páginas o 6 y se venden a 20 céntimos. Los de información, tipo “Le Journal”, publican 4 páginas, y se venden a 15 céntimos. Todos, publican solo 2 páginas de texto y 2 de anuncios y reclamos.

Si París con ser Paris puede tener periódicos con sólo 4 páginas y 2 de texto, ¿Cómo no ha de poder tenerlos Madrid? Lo que sucede es que en Francia no se publican las tonterías que aquí publicamos, convirtiendo los diarios en gacetas para comadres o en folletos de divulgación científica. Insertan únicamente noticias de interés general, condensándolas todo lo posible, y jamás llevan a sus columnas asuntos que en realidad son minucias sin interés ni importancia.

O transformarse o morir. Ese es el dilema, sin que de él se salven más que aparentemente ni siquiera los diarios que viven del dinero político o industrial, que tarde o temprano se acabará, pues las industrias y los amigos políticos de tal o de cual personaje se cansarán de gastar millones por los siglos de los siglos.

Otro aspecto es el de la publicidad. En Francia cuesta una línea en cuarta plana hasta 20 francos y la línea de reclamos 100. Media columna vale allí más que toda la publicidad de un periódico español ¡¡¡ y paga el publico 15 y 20 céntimos por 4 páginas!!! ¿Como hemos de dar aquí doble número de páginas por 10 céntimos al mismo tiempo que cobramos la línea de publicidad a 50 céntimos? Allí no publica jamás la prensa noticias de bodas, de bautizos, de fallecimientos, de reuniones, sin cobrarlas a precios carísimos, y aquí en cambio publicamos todo de balde, sin que jamás sea ni agradecido con unas líneas de gracias. Y por añadidura aun nos desprecian algunos a quienes si les pasásemos la cuenta nos deberían miles y miles de pesetas por la publicidad gratuita que les hemos hecho durante largos años.

Esta y no otra es la realidad. Es la prensa española la más desinteresada de todo el Mundo, y los periodistas españoles los más combatidos de la Tierra, aun cuando su vida no sea otra cosa que una consagración al servicio de los demás, encumbrando a diario a necios y a majaderos que sin prensa no serían conocidos más que en sus respectivos domicilios.

Tenemos el deber moral de defender la vida de cuantos en la prensa tienen sus medios de vida, y yo me permito invitar a todos, como director del diario decano de Madrid, a que depongan apasionamientos de orden político y diferencias de orden privado para llegar a una fórmula que salve a los periódicos del peligro de muerte en que se encuentran y aseguren la vida a los centenares de familias, acaso millares, que de la prensa viven con su honrado trabajo.

LEOPOLDO ROMEO

https://prensahistorica.mcu.es/es/inicio/inicio.do

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