“No, no es eso”: cuando Leopoldo Romeo estalló contra la prensa (1912)
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Crónica a partir de la prensa española
En diciembre de 1912, en pleno debate sobre los proyectos ferroviarios, Leopoldo Romeo no solo defendía una propuesta de gran alcance —la conexión entre Valencia y París a través de Zaragoza—, sino que se veía obligado a responder a algo que, a su juicio, resultaba casi más preocupante que la propia oposición política: la ligereza con la que parte de la prensa trataba asuntos de interés nacional.
El detonante fue un comentario publicado por el periódico La Época, que reducía aquella iniciativa a un simple capricho local, describiéndola como un ferrocarril pensado “para ir a nuestras tierras”, una frase que, más que una crítica técnica, implicaba una descalificación que Romeo consideró impropia de un debate serio, y que le llevó a contestar públicamente con un texto que destacaba tanto por su tono como por la claridad de sus argumentos.
Lejos de limitarse a negar la acusación, Romeo reconstruía su propuesta punto por punto, insistiendo en que no existía concesión previa ni empresa beneficiada, lo que descartaba cualquier interés particular, y subrayando que la línea permitiría conectar Valencia con París mediante un solo transbordo, reduciendo distancias, costes y tiempos de transporte, y abriendo el mercado francés a buena parte del Levante español en condiciones mucho más favorables.
Pero lo más significativo de su respuesta no estaba solo en los argumentos técnicos, sino en la crítica de fondo, al lamentar que cuestiones que afectaban a amplias regiones agrícolas, mineras y comerciales fueran tratadas como motivo de burla, sustituyendo el análisis por el chiste y la discusión por la ocurrencia, una actitud que, en su opinión, contribuía a frenar proyectos necesarios y a empobrecer el debate público.
En ese sentido, su intervención iba más allá de una defensa personal o de una iniciativa concreta, y se convertía en una reflexión sobre el papel de la prensa y del Parlamento, a los que reprochaba no estar a la altura de los problemas que tenían entre manos, especialmente cuando se trataba de decisiones que podían influir directamente en la economía del país y en su conexión con los mercados europeos.
La contundencia del texto, en el que llega a pedir explícitamente la rectificación de La Época, revela a un Romeo que no acepta la caricatura de sus propuestas y que entiende la política no como un espacio de gestos, sino como un terreno en el que las ideas deben ser discutidas con rigor, algo que, según su propia denuncia, no siempre ocurría.
Y quizá por eso, más de un siglo después, su queja resulta reconocible, porque en ella no solo se discute un ferrocarril, sino la forma en que se habla de los asuntos importantes, recordando que cuando el tono sustituye al contenido, lo que se pierde no es solo una discusión, sino la posibilidad misma de entender lo que está en juego.
Así lo recogía la prensa en diciembre de 1912:
La Correspondencia de
España, 18 de diciembre de 1912
NO, NO ES ESO
NO SE PUEDE ESCRIBIR ASI
«La Época» dice anoche, con censurable ligereza, impropia de su
seriedad, que yo, y otros diputados, pedimos ayer varios ferrocarriles “si
no para andar por casa, para ir a nuestras tierras».
Mejor que escribir así, sin enterarse, á tontas y a locas, haría la
veterana “Época”, enterándose de asuntos que no son para tomados en bufo, y que
merecen ser tomado en serio.
Por lo que a mí se refiere, presenté, en unión de colegas míos de
diputación, aragoneses y valencianos, la inclusión de un ferrocarril que, con
sólo 80 kilómetros, uniría el Central de Aragón con el Norte de España y
permitiría ir desde Valencia a Paris con sólo un transbordo en la frontera.
¿Llama a eso «La Época» ferrocarril para ir a nuestras tierras?
Yo presenté esa adición por las siguientes razones:
Primera. Porque como no hay aun concesión,
ni proyecto, ni estudios, y por lo tanto no existe Sociedad favorecida, y él
pueden aspirar todos los españoles, no patrocinaba negocio determinado.
Segunda. Porque uniendo Valencia a Paris
por Canfranc hacía un bien a España.
Tercera. Porque de cuantas líneas se hable,
no podrá hablarse como de ésta, diciendo que interesa a media España.
Cuarta. Porque recorriendo una zona minera
y agrícola importante, produciría más de lo que costase al Tesoro.
Quinta. Porque haciéndose al par que el
Canfranc y pudiendo inaugurarse dentro de tres años, abriría el mercado de
Francia en buenas condiciones á todo Levante.
Sexta. Porque sólo de Zaragoza a Valencia
economizaría 100 kilómetros y un transbordo.
Séptima. Porque si de acortamientos
se trata, esa es una línea de acortamiento.
Octava. Porque con ello favorecería a
muchos y no perjudicaría a nadie.
Ya ve «La Época» cómo ha hecho mal el escribir lo que ha escrito, y cómo
queda demostrado que no es lícito tratar asuntos serios con tan insólita é
inmerecida ligereza.
¡Ya lo saben Zaragoza, Teruel, Valencia y las demás provincias
interesadas! Para el órgano conservador, ese ferrocarril no pasa de ser un
camino de hierro pedido sin ton ni son, y sin otra finalidad que la de ir a
nuestras tierras.
*
Yo deploro sinceramente que el Parlamento y la Prensa traten así estas
cuestiones de interés nacional, y que a razones dignas de estudio se conteste
con chistes de dudoso buen gusto.
Si esos 80 kilómetros de línea férrea hubiesen sido incluidos en el plan
de ferrocarriles complementarios, podrían haber sido ejecutados en plazo muy
corto. Y por lo tanto, se encontraría España, no con 80 kilómetros más, sino
con una línea que uniría Valencia, y todo el litoral levantino con París, sin
necesidad de venir a Madrid o ir a Barcelona. Directamente, sin transbordo,
podría llegarse hasta la frontera, y el mercado de todo el Mediodía francés
quedaría abierto á los productos levantinos sin transbordos costosos y
dilatorios. Los 100 kilómetros de trayecto ahorrado representan un ahorro
enorme por tonelada, y con gasto pequeño quedaría abierta una línea directa e
internacional desde los del Atlántico a Valencia.
De cuantas líneas sean proyectadas, ninguna habrá como esa tan
necesaria, tan barata, tan beneficiosa y tan fácil. Por eso, en nombre de mis
colegas y en el mío, suplico á «La Época» que rectifique su lamentable yerro y
conceda a esa iniciativa la importancia que tiene, y que ciertamente merece
algo más que un chiste de dudoso gusto.
LEOPOLDO ROMEO Diputado a Cortes por Zaragoza.
Fuente
La Correspondencia de España (18 de diciembre de 1912)
Hemeroteca Digital – Ministerio de Cultura de España
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones

Comentarios
Publicar un comentario