Cómo se enterraba a un soldado: la denuncia de Leopoldo Romeo desde la cárcel (1909)
En septiembre de 1909, mientras se encontraba en prisión tras ser procesado por sus artículos sobre la campaña de Melilla, Leopoldo Romeo continuó escribiendo desde la cárcel, denunciando aspectos que consideraba injustos. Entre ellos, uno especialmente significativo: la forma en que eran enterrados los soldados españoles en comparación con los franceses.
Desde su encierro, Romeo trazó una comparación directa y dura. Según relataba, en el ejército francés la muerte de un soldado en campaña se acompañaba de honores solemnes. El cuerpo era colocado en un armón, cubierto con la bandera nacional, y despedido con discursos que exaltaban su memoria y reforzaban el espíritu de los que seguían combatiendo. Si se trataba de un oficial, era trasladado a Francia en condiciones dignas, con ceremonias que subrayaban el reconocimiento del Estado.
Frente a ello, la situación en el ejército español era muy distinta. Romeo denunciaba que los soldados eran enterrados envueltos en una simple manta, sin ceremonia ni reconocimiento, y que incluso esa manta debía ser devuelta posteriormente, bajo amenaza de expediente si desaparecía. La crudeza de la comparación no era solo material, sino también simbólica: mientras unos eran honrados como héroes, otros parecían desaparecer en el anonimato.
El texto no era solo una crítica, sino también una llamada de atención. Romeo cuestionaba una forma de proceder que, a su juicio, reflejaba una falta de consideración hacia quienes habían dado su vida en campaña. Su denuncia, escrita desde la cárcel, reforzaba aún más el impacto de sus palabras, mostrando que ni siquiera la prisión había frenado su voluntad de señalar lo que consideraba errores del sistema.
Este episodio conecta con otras escenas de la campaña, donde la muerte del soldado aparece despojada de solemnidad, reducida a gestos mínimos, casi íntimos. Y es precisamente en ese contraste donde la denuncia de Romeo adquiere toda su fuerza.
Las
Provincias,16 de septiembre de 1909
LEOPOLDO ROMEO Y SUS “COSAS”
D. Leopoldo Romeo, Juan de Aragón, conserva en la prisión toda su
bizarría de espíritu, y en la Correspondencia de España publica un artículo
lleno de “cosas”. Véase una muestra:
“Los franceses, cuando muere en campaña un soldado,
aunque sea negro, le hacen honores casi teatrales. Su cuerpo , encerrado en una
caja, va sobre un armón y recubierto por la bandera francesa. Un discurso
vibrante honra la memoria del muerto, y excita el ardor belico de los vivos,
que casi tienen envidia al muerto.
Si es Oficial , lo envían a Francia en soberbia
urna, pagando el Estado los gastos, y a su llegada a Francia el cortejo es
imponente.
Aquí el Estado es mas económico.
Se contenta con entregar a los muertos envueltos en
una manta, exigiendo la devolución de la manta.
¡ Y si no se devuelve , 6.000 reales de tinta para
incoar el expediente de desaparición!
En el numero de la Correspondencia de España,
llegado ayer a Valencia, hay mas “cosas” del Sr. Romeo. Un dignísimo oficial de
nuestro ejercito nos escribe contestando a dos de ellas. He aquí lo que dice:
Cuando hace mas de un mes, sabe en España todo el
que lee que la batería Schneider, llegada a Melilla directamente de Irún, había
sido emplazada en Sidi-Amet , después de sus excelentes pruebas en el
Hipódromo; cuando con dichas piezas se ha derruido con tiro indirecto el
poblado y estación de Nador, siguiendo las indicaciones del Atalayon hechas por
heliógrafo; cuando todo ello es de sobra conocido por el país en masa, y hasta
se han publicado fotografías de la subida al Amet de dichas piezas, Leopoldo
Romeo escribe en La Correspondencia de España.
Las antiguas piezas de artillería que hay en
Atalayon y en Yebel-Sidi-Amet tienen un campo de tiro limitadísimo. Son, con
relación a las modernas, como una diligencia comparada con el sudexpreso.
¿Cómo, pues, explicar que en Atalayon y
Yebel-Sidi-Amet, que abatirían todas las cercanías de Nador con piezas
modernas, haya piezas antiguas de esas que cuando disparan dan la voltereta por
estar viejas, desgastadas, mal montadas, casi inservibles?
¡Misterio de la recientísima táctica ¡
¡Y este señor es de los que continuamente tienen la
palabra verdad en los puntos de la pluma! ¡De ese modo se escribe la historia,
y así se sirve al ejército! Seguramente que el Sr. Romeo cree a los lectores de
su periódico en Babia.
Y sigue el Sr. Romeo contándonos esto:
Por fin llegaron las maquinas desalinadoras de
agua. Pero leo con asombro que funcionando veinticuatro horas tienen una
producción máxima de 2.000 litros.
¿Habrá comprado alambiques? Digo esto porque las
maquinas modernas de destilar agua hacen por lo menos 20 toneladas, que son
20.000 litros, aireando el agua y saneándola automáticamente.
Con 2.000 litros tiene una brigada para limpiarse
los dientes. Con 20.000 para beber, guisar, asearse. Y como se trataba de eso y
no de lo otro, resulta que los alambiques han llegado como todo llega en
España: tarde y mal.
Todo el mundo sabe y ha leído muy claramente que,
aparte las destiladoras suministradas por la caridad inagotable del marques de
Comillas, el ejército de Melilla acaba de recibir ocho más, cuatro de las
cuales destilan 10.000 litros diarios y las otras 4 a 6.000.
Es decir, que, entre estas ocho, solamente, contara
el ejercito con cerca de 64.000 litros diarias de buena agua, para las
posiciones en que escasee este elemento.
Sin duda, el Sr, Romeo ha recibido en la Cárcel Modelo (de la que deseamos salga cuanto antes) noticias frescas, cuando tales cosas nos cuenta
Fuentes
- Las Provincias, 16 de septiembre de 1909
- Prensa Histórica (Ministerio de Cultura de España)
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