Las gafas en la guerra de Marruecos: la inesperada necesidad que denunció Leopoldo Romeo
En agosto de 1909, durante la campaña militar de Melilla, Leopoldo Romeo describió una situación tan extrema que el enemigo no parecía ser únicamente la guerra. El viento, la arena y el calor se habían convertido en una amenaza constante para los soldados españoles destinados en el Rif.
Desde Melilla, Romeo relataba escenas casi irrespirables. Nubes de arena cubrían la plaza, los campamentos y el campo exterior, mientras el vendaval azotaba con tal violencia que arrancaba palos de embarcaciones en el puerto y obligaba a reforzar las tiendas de campaña para evitar que el huracán se las llevase.
Pero entre todas aquellas imágenes hubo un detalle que llamó especialmente su atención: las gafas se habían convertido en un objeto imprescindible para los soldados.
En sus crónicas explicaba que los vendedores hacían un gran negocio porque los militares acudían masivamente a comprar gafas para protegerse de la arena. La situación era tan extrema que escribió una de las frases más gráficas de toda la campaña:
“Los soldados acuden a adquirirlas, porque prefieren gastar unas monedas a cegar.”
Romeo describía Melilla como “una enorme ciudad de cegatos”, donde el polvo y la arena hacían casi imposible mantener los ojos abiertos. Los convoyes avanzaban entre auténticas tormentas de arena y los soldados no solo combatían contra los rifeños, sino también contra un entorno que les impedía ver.
Lejos de limitarse a narrar la situación, Leopoldo Romeo propuso una solución concreta. En uno de sus artículos pidió el envío urgente de 20.000 gafas similares a las utilizadas por los automovilistas, con cristales claros capaces de proteger la vista de los soldados.
Consideraba que era “el único medio” para poder resistir jornadas de viento extremo, especialmente en una zona donde, según señalaba, aquellos temporales podían producirse hasta 120 días al año.
La propuesta tuvo una repercusión inmediata. Apenas unos días después, El Correo Gallego informaba de que la Marquesa de Esquilache había respondido rápidamente al llamamiento de Romeo. Tras leer el artículo publicado en La Correspondencia de España, adquirió las pocas existencias disponibles en Madrid y encargó urgentemente nuevas gafas al extranjero para enviarlas a Melilla.
La prensa presentó aquella reacción como una combinación entre la iniciativa periodística de Romeo y la respuesta solidaria de la aristócrata. Gracias a ello, muchos soldados podrían disponer de protección frente a “ese viento que ciega”.
Pero las gafas eran solo una parte de las preocupaciones de Romeo. Sus crónicas también insistían en la necesidad de mejorar la logística del ejército: más automóviles para el transporte de heridos y víveres, lanchas de vapor para facilitar desembarcos, depósitos de carbón o pequeños barcos capaces de vigilar la costa. Sus artículos funcionaban casi como informes prácticos elaborados desde el propio frente.
Este episodio refleja una faceta muy particular del periodismo de comienzos del siglo XX. Leopoldo Romeo no se limitaba a contar combates o movimientos militares. También observaba las condiciones reales de los soldados: el calor, el polvo, el agotamiento y la falta de medios adecuados.
Más de un siglo después, aquellas 20.000 gafas siguen recordando que, en la guerra de Marruecos, la supervivencia dependía muchas veces de detalles tan simples como poder mantener los ojos abiertos frente al viento y la arena.
FUENTES
- La Correspondencia de España (17 de agosto de 1909)
- El Correo Gallego (25 de agosto de 1909)
- Hemeroteca Digital
- Biblioteca Galiciana

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