La Correspondencia de España, 17
de mayo de 1920 (1)
COMENTANDO
LA DEFRAUDACION EN EL PESO DEL PAN
HA LLEGADO AL LIMITE DE LO INTOLERABLE
Cada día es peor la calidad del
pan fabricado en Madrid. Los tahoneros apenas fabrican pan candeal sujeto a
tasa y repeso, obligado, por lo tanto, al vecindario a comer pan de forma,
exceptuado de tasa y de repeso. Por este procedimiento hacen lo que les da la
gana, y el Ayuntamiento presencia impávido el latrocinio, sin adoptar medidas
capaces de impedirlo.
No soy partidario de medidas
arbitrarias y he defendido siempre la necesidad de no obligar a los
comerciantes a realizar milagros vendiendo barato lo que adquieren caro. Por
eso he pedido siempre la revisión de las tasas del trigo, de la harina y del pan, por ser imposible vender a
48 pesetas los cien kilos de trigo, a 62 los cien kilos de harina y a 66
céntimos el kilogramo de pan; pero esa misma actitud mía favorable a los
trigueros, a los harineros y a los tahoneros de buena fe, pidiendo la elevación
de la tasa para que puedan vivir, me da autoridad sobrada para protestar contra
el latrocinio realizado al amparo de una merma escandalosa en el peso, merma
que eleva el precio del pan en proporciones verdaderamente fabulosas. Tan
fabulosas son, que llegan a mas de un ciento por ciento, como voy a demostrar.
*
He mandado pesar los panecillos
franceses, los de Viena y los llamados “Paris” que han traído hoy a casa y
pesan respectivamente 68, 50 y 48 gramos. Con ese peso y a 10 céntimos
panecillo resulta el pan francés a 1.50 pesetas el kilo, el de Viena a 2
pesetas y el” Paris” a 2.10 pesetas.
Es cierto que las harinas no son
vendidas a las 62 pesetas del precio de tasa; pero aun suponiendo que costase a
90 pesetas, resultaría un beneficio de ciento por cien, unas clases con otras.
De todas suertes, la proporción con arreglo a la tasa legal de 62 pesetas la
harina y 66 pesetas el pan es de un trecientos por ciento. Y como el ministerio
de Abastecimiento ha dado la harina a ese tipo legal. Resulta matemático que
con 100 kilos de harina que valían 62 pesetas fabricaban 120 kilos de pan, por
lo menos, cantidad de kilo que valían de un promedio de 2 pesetas la friolera
de 240 pesetas, si mi Aritmética no miente. En ese caso era el beneficio de un
300 por ciento, ya que valía 62 pesetas la harina y 240 el pan fabricado. Aun
suponiendo que emplease en esos casis panes harinas de calidad superior y que
les resultasen a 100 pesetas, resultaría que vendrían a 240 pesetas lo que
costaba 100, beneficio enorme, casi tan enorme como la enormísima paciencia del
vecindario que lo soporta.
*
Pero no es eso solo y no se deben
hacer así la cuenta. La cuenta hay que hacerla de otro modo. Un hombre comía
antes un panecillo en cada comida. Calculemos tres al día. Gastaba 30 céntimos.
Hoy necesita comer dos, por lo menos estropear dos, pues con uno no tiene
bastante. Resulta, por lo tanto, que ha pagado 60 céntimos en vez de 30. Por
eso, la elevación real y efectiva para el consumidor ha sido exactamente del
ciento por ciento en precio, aun cuando en realidad se mayor, pues come menos.
Por eso hay que decir que la elevación exacta para el bolsillo y la disminución
real para el estómago han sido de ciento por ciento: ciento por ciento en
precio de más y ciento por ciento de cantidad en menos. De la calidad no hablemos,
pues el pan es infame y en ocasiones perjudicial para la salud, por estar
mezclada la harina y ser defectuosa la cocción para aumentarle artificialmente
el peso al amparo del agua no evaporada por la cocción perfecta.
Los datos expuestos son
rigurosamente exactos y los pesos obtenidos en una balanza de precisión con
panecillos no elegidos, sino tomados al azar de un cesto lleno de panes
destinados a la venta.
*
Insisto una vez más en mi teoría
siempre. ¿No será preferible modificar las tasas y variar el régimen de
libertad de fabricación para las piezas de forma? Entre pagar el candeal a 75
céntimos y el de forma a 1 peseta o pagarlos a 1 y, a 2 pesetas como ahora, yo
creo que no es dudosa la elección. Entonces no habrá pretexto para vender el
pan falto de peso, y panecillos tendrían 100 gramos, cantidad bastante para no
pasar hambre, pues con 300 gramos diarios de pan de lujo hay sobrado para
vivir.
Mientras a eso se llega será
preciso que el señor alcalde y el Ayuntamiento arbitren medios para impedir el
latrocinio con toda urgencia, por ser incomprensible sea tolerado vender
panecillos con tal peso que resulte el kilogramo de pan a más de dos pesetas.
Todo en el Mundo tiene un límite, y la paciencia del vecindario también.
JUAN DE ARAGON

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