Leopoldo Romeo y el Daily Telegraph: proyección internacional en La Haya (1907)
En junio de 1907, varios periódicos españoles recogen una noticia de gran relevancia para la carrera de Leopoldo Romeo.
El Diario de Tenerife informa de que el periodista ha sido designado por el prestigioso periódico británico The Daily Telegraph para representarlo en la Conferencia de La Haya.
Este hecho supone un reconocimiento internacional poco habitual para un periodista español de la época.
La noticia es ampliada al día siguiente por La Opinión, donde se subraya la importancia del nombramiento y el significado de que un periodista español ocupe una posición destacada dentro de uno de los grandes diarios europeos.
El artículo describe al Daily Telegraph como una auténtica maquinaria moderna, comparable a un gran acorazado, con una estructura compleja, miles de trabajadores y una red internacional de corresponsales.
En ese contexto, el ascenso de Romeo resulta especialmente significativo:
El texto destaca además un aspecto clave:
Romeo no es presentado solo como periodista español, sino como periodista europeo, capaz de competir con corresponsales de las grandes capitales del mundo.
Este reconocimiento tiene una doble lectura:
- Supone un logro personal para Leopoldo Romeo
- Y al mismo tiempo, un motivo de prestigio para la prensa española
Diario de Tenerife, 24
de junio de 1907
El exdiputado por esta circunscripción D. Leopoldo Romeo ha sido designado por el importante periódico de Londres Daily Telegraph para que le represente en la Conferencia de La Haya
La Opinión, 25 de junio de 1907
LOS GRANDES PERIODICOS
Romeo en el Daily Telegraph
¿Saben ustedes que Leopoldo Romeo,
director de La Correspondencia de España, ha sido designado por el Daily
Telegraph para que le represente en la Conferencia de La Haya? ¿Y se hacen
cargo de lo que esto representa y significa? Aprovechamos la ocasión de que
Romeo esta en La Haya, pues que si estas cuartillas pasaran por sus ojos. Es
muy posible que no se publicasen, por lo menos en estas columnas.
No necesito hablaros de lo que es el
Daily Telegraph, tal como llega a las manos de los lectores. Muchos de vosotros
o habréis quedado estupefactos ante sus 20 grandes planas. Alguna vez os
habréis admirado ante la idea de que haya tantas novedades en el mundo como las
que publican las columnas editoriales, y tantas cosas que comprar, que vender,
que alquilar o exhibir como las que pregonas sus planas de anuncios.
De lo que es por dentro no podría
daros una idea concreta, a no disponer de un periódico tan grande como el mismo
Telegraph para insertar mi artículo.
Los periódicos españoles, a pesar de
las rotativas, conservan aun cierto aire íntimo, como de casino de provincia,
donde se habla, se ríe, se fuma y se discute, aunque a ratos también se escriba
en el salón de arriba y se componga en el taller de abajo. El aspecto interior
del Daily Telegraph es mas bien el de un gran acorazado, el de un Dreadnought.
La maquinaria se os impone a los ojos
con la misma abrumadora fuerza. La sentís trepidar aun en los cuartos de
paredes afelpadas, para que sea posible escribir en silencio. Diríase que os
envuelve por donde quiera. Y si bajáis al cuarto de las maquinas enormes y
delicadas, con proporciones de ciclopes y dedos de mujer, y os veis rodeados de
cientos y cientos de formas de papel que giran vertiginosamente en todos los
sentidos y por todas partes de cuarenta o cincuenta linotipias , del enorme
lago de plomo derretido de las estereotipias, y al pasar junto a las dinamos
una poderosa inducción eléctrica hace que vuestros relojes se os atrasen tres o
cuatro horas en un minuto, sentís como que el reino del hombre en la tierra se
ha acabado definitivamente y que en lo futuro los mortales no tenemos otro
papel que el de engrasar las soberanas maquinas. En el Daily Telegraph, como en
los barcos de guerra, los hombres callan y las maquinas hablan.
Luego, poco a poco, y no en la
primera visita, vais conociendo a los hombres que hay detrás de las maquinas.
Por de pronto, miráis a los miles de siervos de las maquinas de imprimir, la
administración, el cierre, la composición y la estereotipia. Luego veis subir
los cientos de redactores y reporters permanentes y accidentales. Después
sentís, por algún retrato la presencia invisible- vaga la paradoja- de la
entidad misteriosa, de los propietarios, que son, en el Daily Telegraph, lo que
el Rey o el Gobierno nacional en un acorazado. El director es también una
entidad misteriosa e inaccesible, como suele serlo el comandante de un barco.
Luego vienen los jefes de las distintas secciones, y no se sabe si son mas
importantes los de la redacción, que los de la administración y composición y
tirada, aunque supongo que es estos buques periodísticos la gente de las
maquinas tiene primacía sobre de el cuerpo general de la armada redactora.
Los jefes de las distintas secciones
de la Redacción. Parlamento, Extranjero, Inglaterra, Sociedad, Finanzas,
Sports, Tribunales, Artes y Letras, Espectáculos, etc.- son como oficiales
silencioses y dominadores, que al cerrase el periódico comunican a los
misteriosos superiores reports escritos lacónicos de lo ocurrido durante la
jornada. Esos jefes son todos aquellos hombres de inteligencia y voluntad
probadas; sus auxiliares son activos y obediencia; la disciplina inglesa es
férrea.
La sección en que preferentemente se
ha especializado el Daily Telegraph, es la del extranjero. Se compra el
Telegraph, muy principalmente, pose r el periódico que publica noticias
extranjeras mas completas. Recordad que costeo la expedición de Stanley al
Centro de África, y que hace dos años publico una plana integra con todos los
detalles de la batalla naval de los Estrechos de Corea, a las pocas horas de
haberse verificado.
El Telegraph posee aparatos
especiales para recibir en la propia casa, y redactar automáticamente, los
despachos de sus corresponsales en Paris, Roma y Nueva York, y los de las
Agencias Reuter, Central News y Exchange News.
Los corresponsales extranjeros del
Telegraph tienen fama universal. El de San Petersburgo es el famoso doctor
Dillon, amigo personal de Witte. Su información sobre Rusia no solo sorprende
por el número de datos sino con el por el carácter emocional, patético y
apasionado con que sabe agruparlos y transmitirlos.
El corresponsal de Paris nos coloca
en diario contacto, no solo con la política los negocios, los teatros y la vida
intelectual francesa, sino con el suceso intimo parisiense, narrado con
singular encanto. Los corresponsales de Nueva York no son menos notables. Por
ellos sigue Europa paso a paso el colosal desenvolvimiento económico de la gran
Republica y los escándalos de su alta sociedad y administración publica. Y
también son periodistas de cuerpo entero, los corresponsales de Alemania,
Austria, Italia, Extremo Oriente, etc,,. Puede decirse que no surge en
Inglaterra un gran periodista, sin que el Telegraph no trate de acapararle.
Pero si es difícil para un inglés
llegar a ser jefe de una de las secciones del Telegraph o su corresponsal en
una de las grandes capitales de Europa, mucho mas ha de serlo para un español
que tropieza, naturalmente, con la diferencia de idioma.
Nuestro Romeo no ha conseguido
solamente ser el redactor corresponsal del Telegraph en Madrid, sino que al
cabo de dos años de servicios ha merecido la distinción de ser escogido para
representarle en La Haya.
¿Cómo ha llegado hasta ahí? El
secreto del éxito en la vida no consiste tan solo en perseguir las cosas como
en sujetarlas cuando nos vienen a la mano. Cuando se hablo del viaje de D.
Alfonso a Londres y se empezó a hablar de España en Inglaterra, el Telegraph
sintió la necesidad de poseer un buen corresponsal en Madrid. Entre los buenos
periodistas ingleses no había ninguno disponible que hablase el castellano y
conociese Madrid a fondo, y el Telegraph prefirió dirigirse al director de un
gran diario madrileño.
Romeo entro en el Telegraph por vía
de ensayo. No tardaron en hacerse notar sus telegramas. A los pocos meses no se
contentaba con la información completa que exige un periódico de las
dimensiones del Telegraph, sino que enviaba artículos que se publicaban en
lugar eminente. Algunos de ellos se han publicado como fondos. La posición de
Romeo dentro del Telegraph se había consolidado a los pocos meses, y hoy es no
solo redactor, si uno de los favoritos de la casa.
Pero después empezaron a cotejarse
las informaciones del periódista español con las de los corresponsales de las
grandes ciudades mundiales. Romeo ha afrontado triunfalmente esa peligrosa
comparación. No se trataba solamente de un periodista “con medios informátivos
y conocimientos necesarios para las cosas de España” , sino que al debatirse
las cuestiones internacionales pudo demostrar que se trataba de un periodista
europeo, con conocimientos y medios informativos europeos.
Al llegar este suceso de La Haya, el
Telegraph ha conferido a nuestro Romeo este puesto de honor, que desempeñara
seguramente de modo tan airoso como el de redactor corresponsal en Madrid.
Es una gran suerte la del director de
La Correspondencia de España por desempeñar un cargo que es recompensado como
el Estado español no recompensa cargo alguno; si se exceptúa a los miembros de
la Familia Real y acaso al embajador de Paris, desde que perdimos las colonias
y con ellas los puestos de gobernador general de Cuba y Filipinas.
Es también un gran honor para la
Prensa española el que recibe Romeo, porque demuestra que no son periodistas
los que faltan en ella.
Y es, al mismo tiempo, una suerte
para España, porque desde que es un español el corresponsal de un gran operación
europeo, hemos roto el silencio total que envolvía nuestra vida y que tan
hondamente nos desalentaba. RAMIRO DE MAEZTU. LONDRES.
Fuentes
- Diario de Tenerife, 24 de junio de 1907
- La Opinión, 25 de junio de 1907
- Prensa Histórica (Ministerio de Cultura de España)
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